En el mundo prehispánico, el papel de la mujer no se definía de manera individual sino de manera dual a partir de principios contrarios que se complementan y logran un equilibrio: lo femenino con lo masculino, el hombre y la mujer, el gobernante y la esposa.
En este sentido, las mujeres de nobleza desempeñaban un papel único: generar nuevos miembros de sus dinastías, asegurar que sus territorios, donde moraban sus dioses, siguieran siendo sagrados y sus hijos y nietos fueran gobernantes. Su poder era reinar, pero sobre todo engendrar en su vientre un miembro más en la dinastía, señaló.
Ellas detentaban un poder político impresionante, “en ellas se gestan los linajes, futuros reyes; no son objeto de intercambio, fueron educadas y preparadas precisamente para ser esposas y continuar los linajes. Son estrategas, forman intrigas, son guerreras, incluso asesinas, pero todas ellas son obedecidas por su pueblo, incluso, cuando enviaban un prisionero al sacrificio”.
Por su parte, una mujer común era aquella que no pertenecía a la aristocracia gobernante, pero también tenía un papel fundamental: tener familia y una descendencia. “Es importante entender estos aspectos desde la perspectiva de las propias culturas prehispánicas y no desde nuestros ojos y con base en nuestros conceptos”, señaló.
Entre estos pueblos, precisó, la mayoría de las mujeres formaban su familia cuando estaban sexualmente listas, es decir, al iniciar la menstruación y era una buena señal ser fértil y no morir en el primer parto; a los 30 años, las mujeres seguían procreando hijos, pero también eran abuelas. La esperanza de vida femenina se reducía a los 40 años como máximo, en este caso, una anciana que había sobrevivido a la etapa de la menopausia se le consideraba una mujer sagrada, porque casi ninguna llegaba a esta edad.
Actualmente numerosos estudios pretenden dar un giro y evidenciar el importante papel social, político y cultural de las mujeres, desentrañando una realidad histórica que no se había visto por la presencia de una fuerte carga ideológica androcéntrica.
Es decir, las mujeres en la historia representan un espacio más o menos importante en razón al modelo teórico académico que las mencione o bien que no las mencione. Con ello no pretendo decir que esta concepción de un mundo prehispánico machista sea totalmente errónea, lo cierto es que la condición cultural social y política de la mujer no era uniforme en todo el México prehispánico, pues mientras encontramos culturas que permitieron el acceso de las mujeres al poder económico y político, como la huasteca y la maya algunas otras se mantuvieron muy cerradas a la presencia femenina.
Una de estas teorías androcéntrica occidentales considera que en nuestra cultura está muy marcada la separación de lo femenino y lo masculino, que se evidencia con la desvalorización, menosprecio y sumisión de los que la mujer es víctima; condición que se replica en otras latitudes, por ello a inicios del siglo XIX Frederick Engels en su libro el Origen de la Familia y la Propiedad Privada, define que en los inicios de la humanidad existía la promiscuidad y la propiedad común de bienes por el grupo; sin embargo la necesidad de restringir la procreación para involucrar al hombre en la protección y cuidado de los hijos trajo como consecuencia el establecimiento de la familia monogámica, a partir de entonces el hombre percibe que la mujer puede ser parte de su propiedad por medio del matrimonio (Engels; 1993). La mujer y sus hijos se vuelven dependientes y por ello “propiedad” del hombre, a decir del autor antes mencionado el matrimonio originó la aparición de la propiedad privada y la formación de la familia como unidad económica de la sociedad, la cual estuvo no siempre estuvo caracterizada por el vencimiento de los derechos de la mujer (Engels, 1993).
Profundizando un poco más esta propuesta y tratando de devalar su perspectiva androcéntrica es importante destacar que desde su origen este modelo establece que los linajes de las sociedades más desarrolladas se construyen con un marcado sesgo androcéntrico. Por ello es importante rescatar los primeros estudios evolucionistas que buscan establecer las relaciones de parentesco. McLennan por ejemplo, propone las etapas por las que se han definidos las estructuras del parentesco y los protocolos de las uniones y relaciones familiares de toda la sociedad humana. Esta premisa evolucionista consideraba como antes se menciona que en medio de la promiscuidad primitiva la única filiación segura era la materna lo que dio lugar a un sistema en el que el parentesco sólo seguía la línea de las mujeres. La evolución buscó que el hombre se comprometiera en la protección de los hijos y exigió la exclusividad sexual para garantizar la filiación paterna y a partir de ello se pasaría al parentesco basado únicamente en el vínculo del varón. Finalmente entonces se impuso la monogamia y la determinación del parentesco a través de varones y mujeres.
Es en este momento es importante subrayar que la perspectiva evolucionista, afirma que los linajes de parentesco estructurados alrededor de la filiación materna han sido considerados como los más salvajes y primitivos. De esta forma sobresale como más avanzados y evolucionados (con el peso ideológico que esto lleva) aquellos linajes determinados por el patriarcado. Esta perspectiva evolucionista (Fox,1980)propone cuatro principios en donde se transparenta su marcada predisposición androcentrista de los estudios de parentesco:
1.- las mujeres engendran a los niños
2.- los hombres fecundan a las mujeres
3.- por lo general mandan los hombres
4.- los parientes primarios no se casan entre sí.
Estos principios claramente evidencian el predominio del hombre sobre la mujer definiendo implícitamente la superioridad de los mismos. A pesar de la propuesta evolucionista es preciso distinguir que una sociedad organizada en sistemas de linajes, puede estar estructurada en base a linajes matrilineales, patrilineales o de doble descendencia, por lo tanto no podemos pretender ver a estas sociedades con una sola posibilidad de organización.
SOCIEDAD MEXICA
Tradicionalmente consideramos al pueblo mexica como un pueblo de guerreros, con dioses simbolizando la fuerza, el poder, la guerra; sin embargo omitimos que también se trata de un pueblo sensible, seducido por la naturaleza, la belleza y la sensualidad que representó a partir de poderosas diosas que eran reconocidas y veneradas a la par de sus contrapartes masculinas. De hecho en el mundo mexica la mujer humana o diosa representa un misterio, lo incomprensible, aquello que escapa de la explicación rápida y práctica. Las Diosas femeninas eran consideradas constructoras, protectoras, educadoras y bastión de la sociedad no podemos omitir que la figura de la madre en el mundo prehispánico jugó un papel determinante.
Importantes diosas como Xochiquetzal, Tonantzin, Coatlicue, Chicomecóatl y Teteoinan, Chalchiuhtlicue, Coyolxauhqui y Xilonen colman el panteón de dioses aztecas no rivalizando con los dioses varones sino que complementando el equilibrio del universo con lo que transparentaban la dualidad con la que se entiende su cultura.
La Coyolxauhqui representa a un personaje femenino desmembrado. El mito azteca describe el nacimiento del dios Huitzilopochtli; narra que el embarazo de la diosa madre Coatlicue, por unas plumas de colibrí que cayeron del cielo, enfureció a su hija Coyolxauhqui y a sus 400 hermanos, los Centzonhuitznahua (estrellas del cielo del sur), quienes decidieron matar a su progenitora.
Huitzilopochtli defendió a su madre de Coyolxauhqui, a la cual decapitó para después arrojarla del cerro de Coatepec. Este mito simboliza la lucha entre el Sol y la Luna. En ello reside la importancia del monolito de Coyolxauhqui —deidad lunar mexica—, descubierto en 1978 a los pies de la escalinata derecha del Templo Mayor de la antigua Tenochtitlán (Sosa, 2012).
Es controversial el papel de Tonantzin o Xilonen diosa del maíz pues durante la colonia se rescataron algunos de sus simbolismos en la figura de la Virgen de Guadalupe, su imagen representa a una joven doncella que cuida un campo sembrado de maíz.
Tosi la diosa abuela o diosa vieja era la encargada de instruir a las mujeres en el trabajo y cuidado del hogar pero también les daba los secretos de la coquetería y la seducción. La diosa abuela va a ser comparada en la religión católica con Santa Ana, por tal razón en todos los lugares donde tradicionalmente se le adoraba en la época prehispánica fueron sustituidos durante la colonia por iglesias dedicadas a la anciana madre de la virgen María.
Mictecacíhual o diosa de la muerte esposa de Mictlantecuhtli gobernante de Mictlán, “lugar de los muertos”, y tenía poder sobre las almas de los muertos.
Mictecacíhuatl se encargaba del noveno nivel del Mictlán, en el cual las almas desaparecían. Se le representaba constantemente trabajando en cooperación con su esposo y otras en conflicto. Su principal función era la protección de los huesos de los muertos.
SOCIEDAD AZTECA
El mundo azteca consideraba a las mujeres en un rol de dependencia respecto a los hombres, de ello que su ámbito de desarrollo era el hogar y la crianza, por ello en el momento de su nacimiento el cordón umbilical era enterrado junto a la casa a diferencia de los varones cuyo cordón era enterrado en el campo de batalla. Con esto quedaba sellado su destino del mundo doméstico para la mujer y el mundo público para los hombres.
En los distintos códices que se conservan de la época así como la cerámica y escultura dan cuenta de que las mujeres dependiendo de su linaje y oficio desempeñaban distintas acciones. Casi todas las mujeres hacían lo mismo, estaban en su casa, tanto las que pertenecían a la nobleza como al pueblo. Estas últimas tenían una participación económica importante pues intercambiaban en el tianguis productos elaborados o cosechados por ellas mismas, además de animales.
Otras actividades que desarrollaban las mujeres eran como parteras, curanderas, astrólogas, las cuales eran muy respetadas y reconocidas dentro de la sociedad.
Una actividad respetada, con cierto prestigio y bien vista por la comunidad era la prostitución; quizá uno de primeros oficios que adoptó la mujer. Las ahuianime también llamadas alegradoras eran pagadas por el Estado y su función era acompañar a los guerreros en el frente de batallas a efecto de evitar que violaran a las mujeres de los pueblos conquistados, y aunque no se casaban mantenían una relación de respeto con el hombre, de tal manera que si eran víctimas de una ofensa, ésta se castigaba. Solo las mujeres que se dedicaban a esta actividad usaban sandalias, todas las demás andaban descalzas. Por ello los zapatos o cactlis eran una señal de las mujeres que ejercían la prostitución. Fray Bernardino de Sahagún las describió de la siguiente forma: “Se esmeran mucho en su cuidado personal, se bañan, se alisan el cabello, lo perfuman y lo adornan con flores. Sus huipiles son muy bonitos, están bordados y son de colores llamativos. Salen a ofrecer sus servicios en las encrucijadas y ahí están guiñando el ojo a los hombres mientras mastican su tzictli (chicle) y lo están tronando como si fueran castañuelas”.

SOCIEDAD MAYA
En el periodo clásico de la cultura Maya es claro el predominio del hombre en las sucesiones políticas, en las reglas hereditarias y de estatus. Dominando su presencia en los contextos políticos, religiosos y culturales. Sin embargo la dialéctica y dualidad entre los géneros no presenta una importante diferencia. Cada individuo adquiere status dentro del grupo social tanto por filiación materna como paterna. Es decir aún que se trata de concebir a los mayas como una sociedad androcéntrica la posición de la mujer siempre se manifestarán con cierta importancia social en los grupos patrilineales, así como los varones en los grupos matrilineales. A lo sumo, en la literatura antropológica se hablará finalmente de tendencias hacia lo patri (masculino) o hacia lo matri (femenino).
Los arqueólogos que han profundizado en el estudio de esta cultura definen que sin duda las mujeres tenían la misma importancia que los hombres en la conformación de linajes, y que aún que no son muchos los casos pero las encontramos en cargos políticos relevantes. Se han encontrado inscripciones en las cuales algunos hombres de gobierno justifican su legitimidad en el poder y autoridad política en base a linajes de poder por línea femenina. La importancia femenina en estos casos parece que también fue simbólica. Si comparamos estas maneras de entender a las mujeres en los linajes mayas con los linajes de otras culturas, veremos prácticamente la misma realidad histórica (Curtis y Reade, 1995).
La manera de percibir a las mujeres en su rol político en un modelo amplio y flexible en relación con los varones y sin la rigidez de las reglas prescriptivas, nos la facilitan las inscripciones jeroglíficas. Según Benavides (2007) la información del pasado maya deriva fundamentalmente del análisis de imágenes e inscripciones jeroglíficas contenidas en diversos monolitos como estelas, dinteles, altares y tableros. De acuerdo a investigadoras e investigadores como Proskouriakoff(1994), Schele y Mathews (1991), Martin y Grube (2000), Krochock (2002),entre otras y otros, se sabe ahora que durante el periodo Clásico aparecieronen escena mujeres con roles políticos importantes. Algunas llegaron incluso atener poderes políticos casi absolutos. Otras, por ser esposas de gobernantes aparecen representadas con vestimentas ostentosas. El ser esposas también les daba estatus y rol político, ya que algunas de ellas jugaron el papel incluso de representantes de los gobiernos de sus esposos. Otras más, tuvieron importancia ritual, éstas aparecen representadas practicándose algún tipo de autosacrificio (como la señora Xoc de Yaxchilán, esposa de Escudo Jaguar). La importancia simbólica se manifiesta también cuando otras mujeres aparecen como referentes que legitiman la autoridad y el poder de ciertos gobernantes varones. En la actualidad, se ha registrado una gran cantidad de mujeres mayas ostentando poder político, tanto de facto como simbólico (véase Martin y Grube, 2000).

MUJERES CON PODER SIMBOLICO
En este grupo podemos mencionar a una gran cantidad de mujeres que aparecen en las inscripciones epigráficas y representaciones iconográficas como madres o ancestros de gobernantes, esposas de dignatarios, hijas de gobernantes cuyos esposos (aunque de otros grupos) llegaron también a ejercer poder político. Son mujeres que nunca llegaron a ser gobernantes pero por formar parte de estas casas fueron reconocidas, respetadas y algunas de ellas veneradas. Sus nombres fueron utilizados en ciertos casos para legitimar gobiernos. Formando parte de este grupo, podemos mencionar, a la esposa de YaxKuk Mo, fundador de Copán; la Señora Batz Ek (siglo VI), reina-madre de Caracol, Belice; la Señora Viento Cráneo de Calakmul y esposa de Escudo Jaguar, rector de Yaxchilán. Respecto a este sitio, la abundante iconografía del lugar ilustra ampliamente la importancia de varias mujeres en la vida política (Benavides, 2003).Entre los siglos VII y VIII se mencionan a personajes como Señora Escudo, Señora Dios C (posible esposa de Escudo Jaguar), Señora Calavera, Señora Ix, Señora 6 Cauac (quizá esposa de Pájaro Jaguar) y Señora de Yaxchilán (idem ). En el dintel 24 se muestra a Escudo Jaguar (Itzamnaaj Balam II) frente a su esposa principal, Na K’abal Xook, cuando ella se autosacrifica pasandose una cuerda por la lengua ( idem ).En el norte de Yucatán, al final del Clásico Tardío, en Chichén Itzá semencionan a la Señora Ton Ahau y a la Señora Kayam-Kuk, abuela y madre de Kakupacal Kauil y K’inil Kopol. Aunque se considera a estos personajes como compartiendo el poder político, al parecer Kakupacal Kauil fue el verdadero señor sagrado de Chichén Itzá. Este personaje apeló al culto de sus antepasados y al de ciertos dioses en la dedicación de la estructura 4C1 o edificio principal de Las Monjas. En el dintel 3 se manifiesta el carácter dinástico del edificio principal de Las Monjas. En dicho dintel se asienta el nombre del bisabuelo materno de K’ak’-u-pakal que llevó por nombre Chak-bolon-pet. Asimismo, en los dinteles 7 y 1 se proclama la identidad del abuelo materno de K’ak -u-pakal, de nombre Ho-sabak Ahaw (Ho-sabak-tok’), y en el dintel 3 la identidad de su abuela materna, llamada Ix-Ton Ahaw (García,2001:417).Las inscripciones jeroglíficas en el Templo de las Monjas y en el Templo de los Tres Dinteles también mencionan a Ix K’ayam como madre de K’ak’-u-pakal y K’inil Kopol (véase Krochock, 2002:152-170). Pero fue K’inil Kopol quien dedicó hacia el año 878 d.C. el Templo de los Tres Dinteles a sus progenitores, U-chok-wahab e Ix K’ayam (idem).

Las mujeres en las culturas prehispánicas mexicanas desempeñaron roles multifacéticos que iban mucho más allá de lo doméstico. Fueron líderes, educadoras, comerciantes, artesanas y sacerdotisas, dejando una huella en la vida cotidiana, la economía, la política y la religión. A través de sus contribuciones en la crianza, la economía y la espiritualidad, las mujeres prehispánicas no solo sostenían a sus comunidades, sino que también influían en la dirección cultural y religiosa de sus sociedades. A pesar de que en muchas ocasiones la historia ha minimizado su importancia, los registros y estudios recientes han comenzado a destacar su papel esencial en la conformación de las civilizaciones prehispánicas, subrayando su relevancia en la identidad cultural de México hasta el día de hoy.